"Chica joven bajo la lluvia. Tiene un paraguas en la mano y lagrimas saladas caen por su rostro"
Querido diario:
No podía moverme. No podía parar de llorar. Y no paraba de llover tampoco. La imagen no podía ser más dramática: yo en un banco del parque llorando como una magdalena debajo de mi paraguas rojo chillón que a nadie le pasaba desapercibido mientras la lluvia caía sin parar...
¿Pero que querías que hiciera? Tenía todo el derecho a estar mal y parecer ridícula, la gente a la que le destrozan la vida deja de preocuparse por llevar el vestido empapado o el maquillaje corrido, lo único que me preocupaba era seguir allí, no hundirme más aún.
Y es que yo tenía razón, ojala me hubiera equivocado, pero tenía razón. Te dije que creía que mi padre seguía haciéndolo, me prometió que no, que lo había dejado atrás y que ahora mi madre y yo eramos lo más importante para él, pero con su historial, ¿quién se fiaría? Yo lo intenté, lo juro, pero volvió a llegar tarde a casa, estaba contento y cuando sonaba el teléfono salía de la habitación. Él decía que era por no molestar a mi madre con cosas del trabajo, pero llevaba el suficiente tiempo cubriéndole para saber que no era cierto, que la estaba engañando, otra vez.
Por eso le seguí, estaba harta de sentirme culpable por haber dejado que pasara con las otras mujeres, su secretaria, mi niñera, mi profesora particular... No quería que volviera a hacerlo, no quería seguir sintiéndome culpable, pero descubrir que no solo engañaba a mi madre, sino que iba a tener un hijo con otra mujer.. Eso era demasiado y no lo pude digerir, así que me quedé en ese banco durante horas mientras llovía decidiendo que hacer: ¿decir la verdad y romperle el corazón a mi madre o mentir y seguir sintiéndome culpable?
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